Para sobrevivir aquí necesito un río deshilado del azúcar fría,
algo de Pachamama
—no narcotizada—
para reinventar la horticultura
y un trozo de ti:
ojalá tu compañía.
También los libros comprados cuando existía el dinero,
no falten los diccionarios ni mis présbitas lentes,
el papel en blanco de los cuadernos usados,
el acopio de lápices de toda la vida
y cuando no haya ojos de sol, una buena memoria
para repetir los versos creados y hacer
otros imprescindibles
en esta neolítica situación.
Supongo que el fuego aún surgirá del choque de rocas
—a menos que la radiación las hubiera afectado de osteoporosis—.
Para sobrevivir en el más allá
me preparo cada noche enfrentando un fantasma quieto
mas cuando estoy dispuesto a todo
no aparece…
Entonces me siento vencido.
Te desconozco en la noche
ausente hermosura.
Por eso no te haré el amor sino hasta mañana cuando ya no te ame
hermosa Ausencia
¿serías tú la mar de mi regazo,
el resto de mi espacio?
5 comentarios:
Gracias por haber subido este poema.....esta lindo y ya sabe siga siempre adelante...ya le comentare mis ideas....
Y para sobrevivir en el 'más acá' se necesita este tipo de poesía...
Esta poesía que todo lo abarca en un instante. Que es suma de la vida y la muerte; que es su beso, que es ese encuentro que en cualquier momento del día nos vuelve poetas, puentes, puertas...
Un abrazo grandísimo querido Centauro...
Eres poeta o profeta querido Centauro?
Isis de la noche…
hay una manera muy tuya de tocar los poemas:
los rozas como quien enciende un fuego antiguo,
y de pronto lo que parecía letra se vuelve respiración,
presencia, latido.
Leer tu comentario es asistir a esa alquimia tuya
que vuelve puente cada palabra
y abre puertas donde antes solo había silencio.
Pareciera que la poesía —toda— te reconoce
y te sigue como si fueras su casa.
Tu abrazo a este poema de Francisco
no solo lo ilumina a él,
sino también a quienes llegamos como simples viajeros
y terminamos quedándonos un poco más
por la forma en que tú lo nombras.
Gracias por ese modo tuyo de mirar,
que es casi una invitación, casi un hechizo…
y que deja en el aire
la sensación dulce de querer seguir leyéndote.
María Luisa…
qué pregunta tan fina la tuya, tan cargada de intuición.
A veces, al leer palabras como las de este Centauro,
uno no sabe si está frente a un poeta
que descifra los pliegues del alma
o frente a un profeta
que presiente lo que aún no ocurre pero ya nos roza.
Quizá sea ambas cosas,
o tal vez ninguna.
Tal vez solo alguien que escucha con más hondura que nosotros
el rumor del mundo
y lo traduce en versos que se adelantan a la vida.
Lo cierto es que tu pregunta ilumina:
abre un espacio nuevo,
como si por un instante nos invitara a mirar más allá del poema
y preguntarnos qué es lo que realmente vemos
cuando vemos a un poeta.
Sea profeta o no,
qué hermoso es encontrar miradas como la tuya,
que reconocen lo extraordinario
antes de que alguien lo nombre.
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